La Taxonomía europea desde una visión estratégica
El Reglamento (UE) 2020/852 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 18 de junio de 2020, relativo al establecimiento de un marco para facilitar las inversiones sostenibles, es una de esas normas. Es el llamado Reglamento de Taxonomía, cuya finalidad es establecer los criterios para determinar si una actividad económica se considera medioambientalmente sostenible a efectos de fijar el grado de sostenibilidad medioambiental de una inversión. Un reglamento que ya ha entrado en vigor.
Con centenares de páginas para definir lo que es sostenible solo respecto a dos de sus seis objetivos ambientales
La publicación en 2020 del Reglamento (UE) 2020/852 del Parlamento Europeo y del Consejo, o mejor conocido como La Taxonomía de la UE, es una herramienta clave del Plan de Acción de la UE sobre Finanzas Sostenibles para que Europa se mantenga en el objetivo de ser neutro en carbono para 2050. Este Reglamento tiene la intención de convertirse en un lenguaje común para determinar qué actividades económicas pueden ser etiquetadas como medioambientalmente sostenibles y que, además, los flujos de capital se direccionen a dichas actividades evitando el greenwashing.
En julio de 2022, KPMG publicó el informe 'Setting the baselines towards transparency', con las perspectivas de la primera divulgación de la Taxonomía de la UE de 275 empresas no financieras de distintos países de Europa. Con base en este documento, se ha desarrollado el informe comparativo ‘Estableciendo las bases hacia la transparencia’ a partir de la información de las empresas españolas de la muestra en contraste con la europea, con el objetivo de trasladar la realidad europea al contexto de las empresas en España.
Taxonomía UE: un paso más hacia la transformación sostenible
Contribuir a la transición hacia la descarbonización sigue siendo un reto global que integra a todos los actores de la economía y a sus diferentes actividades. Consecuencia de este compromiso común, en los últimos años se está produciendo un notable incremento en el plano regulatorio y en el de las inversiones sostenibles, lo que ha abierto un relevante debate sobre los criterios que debe cumplir un producto de inversión o actividad económica para ser considerado medioambientalmente sostenible.
Como impulsor de esta transformación y en línea con los objetivos sobre la lucha contra cambio climático, la Unión Europea ha dado un paso hacia adelante estableciendo el denominado Reglamento de Taxonomía, el Reglamento UE 2020/852, que supone el primer paso en torno a la obligación de las compañías de divulgar la manera y medida en la que sus actividades son asociadas a cuestiones relacionadas con el ámbito ESG.
Este nuevo reglamento, que establece exigencias de clasificación y reporte de las actividades sostenibles, representa no solo un reto para las compañías, sino también nuevas oportunidades estratégicas para las empresas a la hora de plantear los planes de futuro, transformación y descarbonización de sus modelos de negocio. Estas implicaciones fueron objeto de análisis por diversos expertos de KPMG, junto con Workiva, y varios responsables de las áreas Financiera y de Sostenibilidad de empresas cotizadas, reunidas en el webinar ‘Nuevas exigencias ESG para el reporting de 2021: Taxonomía UE’.
¿Qué implica la taxonomía de la UE?
“La taxonomía es la forma en la que las compañías van a poder demostrar al mundo que están consiguiendo su propósito en aspectos tan relevantes como la sostenibilidad”, explicó Marisa Pérez, socia de Accounting Advisory Services de KPMG. Para ello, las compañías deben ser ágiles en la gestión de los tiempos y trabajar conjuntamente entre las diferentes actividades implicadas, como detalló Bernardo Ruecker, socio responsable de Accouting Advisory Services de KPMG.
El reglamento de la UE persigue conocer el grado de alineamiento de las empresas con el futuro sostenible. “La taxonomía es una herramienta viva y, aunque a primera vista pueda parecer una losa, es en realidad una oportunidad para tener un diagnóstico más fiable sobre nuestro modelo de negocio y así establecer planes de futuro y de transición con una base sólida”, expuso Jerusalem Hernández, socia de Sostenibilidad de KPMG.
Por su parte, Federico Gómez Sánchez, director de Sostenibilidad de Grupo Santander, subrayó que “la taxonomía es necesaria no solo desde el punto de vista del stakeholder externo, sino también como una herramienta interna para gestionar nuestra estrategia y que en conjunto todos hablemos un mismo idioma”.
Cuenta atrás para una adaptación adecuada
Otros de los retos que las empresas deberán abordar será la gestión de los tiempos. En este sentido, Luis Espinosa, Manager Financial Services Consulting de KPMG, instó a preparar con anticipación el marco de trazabilidad a nivel de auditoría interna, trabajar en el enfoque metodológico contable y clasificar adecuadamente toda la información de sostenibilidad.
“Esta anticipación permitirá que los departamentos de Sostenibilidad dejen de invertir la mayor parte de su tiempo en elaborar esos informes para centrarse más bien en la calidad de la información y la parte analítica”, apuntó Espinosa. En esta línea, José Angel Sánchez, Head of Accounting de Enagás, ahondó en la importancia de “dar un margen de adaptación y establecer unas reglas de juego adecuadas para que la información sea clara para el mercado, los inversores y cualquier consumidor de la información”.
El reporting y los tres criterios clave
La Comisión Europea establece por el momento tres criterios técnicos que se reportarán para determinar e identificar la contribución de las empresas a los objetivos medioambientales. Como detalló Jerusalem Hernández, los dos primeros se articulan en torno a la mitigación y adaptación al cambio climático, seguido de los criterios técnicos de no hacer un daño significativo y de las garantías sociales mínimas que deberán reportarse a partir de tres indicadores financieros (CapEX, OpEX y Turnover).
En esta línea, José Angel Sánchez, Head of Accounting de Enagás, explicó que además de hacer una clasificación inicial, será necesaria la monitorización continuada a medida que avanzan los proyectos. Asimismo, Íñigo Olaizola defendió la necesidad de establecer estándares concretos en ESG para facilitar la labor interna de las empresas.
La necesaria sinergia entre actividades
La taxonomía establece un punto de unión entre las diferentes actividades de Finanzas, Sostenibilidad, Sistemas y Control interno con el objetivo de realizar una correcta interpretación de la información y asegurar su consistencia en conjunto. “Por fin esto no es un tema único y exclusivamente de los departamentos de sostenibilidad, pues la gran aspiración es que la sostenibilidad se convirtiera en un tema transversal”, manifestó el director de Sostenibilidad de Grupo Santander, Federico Gómez Sánchez.
En relación a los retos que se plantean en el campo de la contabilidad, se destaca el hecho de tener que incorporar los activos intangibles al nuevo reporting de finanzas sostenibles. “Algo que va a ser muy relevante es entender la información disponible de las compañías, ver hasta qué punto se aproxima al concepto que recibimos, qué granularidad vamos a tener que conseguir y dar consistencia, comparabilidad y robustez a toda esa información”, detalló Marisa Pérez.
Asimismo, será necesario asegurar los controles del sistema de información tanto financiera como no financiera en los modelos de control internos. En este sentido, David Melero, Senior Manager de Auditoría Interna de KPMG, manifestó que este control podía convertirse en una “clara oportunidad de poner en valor la información no financiera y financiera de manera conjunta y de una forma controlada y única”.
Tal y como destacó Jorge Tavío, director de Desarrollo de Negocio de Workiva, serán varios los cambios regulatorios en materia de taxonomía, por lo que se deberá trabajar con soltura a través de los sistemas digitales. “Ya existen aplicaciones, ahora debemos conectar toda esa información existente, romper esos hilos de información en busca del dato único y que la fuente sean esas mismas aplicaciones”, apuntó. En este sentido, Íñigo Olaizola, Responsable de Planificación y Reporting de Información No Financiera de Iberdrola, apuntó: “Necesitamos adaptar sistemas y uno de los pilares fundamentales es digitalizar para ofrecer datos comparables, trazables y robustos”.
Ante este marco de transformación, la taxonomía se plantea como un reto exigente para las corporaciones que deberán responder a los requisitos que plantea la UE, al tiempo que aspira a convertirse en una radiografía estratégica para abordar los planes de transición y futuro sostenible de las compañías.
https://www.tendencias.kpmg.es/2021/07/taxonomia-ue-paso-transformacion-sostenible/
La Taxonomía europea desde una visión estratégica
La Taxonomía europea aspira a convertirse en una herramienta que acelere la transparencia de las cuestiones ESG y suponga una oportunidad estratégica clave para el futuro de las organizaciones. Más allá de las propias exigencias regulatorias para acelerar la descarbonización de la economía, este reglamento también se configura como un impulso decisivo para reorientar las actividades económicas, redefinir la competitividad y transformar los modelos de negocio. Todo ello con el último objetivo de velar por el cumplimiento de los objetivos definidos en el European Green Deal y el Plan para financiar el crecimiento sostenible.
“La Taxonomía europea no solamente es una regulación a la que hay que responder, sino una herramienta estratégica para la definición del negocio sostenible de futuro y, en este sentido, serán las compañías las que definirán las claves de su competitividad y la velocidad con la que quieren ir avanzando en esta senda”, explicó Jerusalem Hernández, socia responsable de Sostenibilidad y Buen Gobierno de KPMG.
Estas y otras reflexiones formaron parte del encuentro ‘Estableciendo las bases hacia la transparencia’, en el que se presentaron los resultados del informe ‘Taxonomía de la UE: hacia una mayor transparencia en ESG’. El estudio recoge los principales hallazgos tras un primer año de divulgación sobre Taxonomía europea, poniendo especial foco en España. Este reglamento, que se encuentra bajo el paraguas del Plan de Acción de la Unión Europea sobre Finanzas Sostenibles, representa una palanca esencial para lograr el objetivo Net Zero en 2050.
En este sentido, la taxonomía pretende convertirse en un lenguaje que ayude a determinar qué tipo actividades económicas pueden ser etiquetadas como medioambientalmente sostenibles, promoviendo, además, que los flujos de capital centren su mirada en dichas actividades. No obstante, el camino para implantar esta normativa requerirá de esfuerzo y un replanteamiento de las actividades que llevan a cabo las organizaciones.
Y así se refleja en el primer reporte de Taxonomía europea, realizado por las compañías no financieras europeas, pues ha dejado multitud de aprendizajes y aspectos a mejorar en el reporte de dicha información. Como demuestran los resultados del estudio, la calidad de los datos y el proceso de recopilación de estos se ha convertido en todo un reto para las entidades, especialmente ante la falta de medios técnicos y conocimiento concreto al respecto.
Garantizar mayores niveles de homogeneidad en el reporting
A este respecto, las organizaciones no financieras tuvieron que reportar la elegibilidad y, este año, deberán reflejar el grado de alineamiento de las empresas con la Taxonomía. Sin embargo, como advirtió Irene Cabello, directora de Accounting Advisory Services de KPMG, en este primer ejercicio algunas compañías han decidido reportar el grado de alineamiento de manera voluntaria. En cualquier caso, tal y como especificó Natalia Fonseca, Manager de Sostenibilidad y Buen Gobierno de KPMG, los sectores que presentan un mayor volumen de actividades económicas elegibles han sido los sectores de energía, transporte, construcción y Real Estate.
Por ello, destacó que todas las compañías en la medida de lo posible “deben trabajar para establecer unos criterios homogéneos en todos los países de la UE y entre los diferentes sectores”.
A este respecto, la socia de Accounting Advisory Services de KPMG, Marisa Pérez, insistió en la necesidad de establecer un ‘lenguaje común’, que permita trabajar por un mismo objetivo: lograr un negocio sostenible, tanto desde el punto de vista de la rentabilidad como de las cuestiones ESG.
Un papel más activo desde la perspectiva de auditoría y control interno
Otra de las grandes lecciones aprendidas tras este primer ejercicio es dotar de una mayor relevancia al área de control y auditoría interna desde el inicio del proceso. Una vez establecidos los pasos a seguir, la perspectiva de control interno y auditoría se convierte en garante para el control del proceso y la fiabilidad de la información.

En palabras de David Melero, director Gobierno Riesgo y Cumplimiento de KPMG: “Desde el punto de vista de control interno estamos en un momento de madurez, pero el diseño de estos mecanismos de control y auditoría han de ser garantes de fiabilidad de la información. Por ello, tras este primer paso, es muy importante que tomen ese rol y adopten un papel más activo”. Por tanto, será esencial entender el nivel de granularidad de la información y establecer una serie de elementos de control para asegurar que esta sea homogénea y contrastable, sistematizando así los procesos al respecto.
¿Hacia la implantación de un ecosistema tecnológico común?
Sin duda, la implantación de nuevos procesos tecnológicos cumple un papel fundamental a lo largo de todo el proceso, así como establecer una estrategia conjunta a nivel corporativo. Como destacó Luis Espinosa, senior mánager de Finance Transformation de KPMG, “las grandes implantaciones tecnológicas han quedado en un segundo plano, pues ya no hablamos de implantar una gran solución que automatice todo, sino de un ecosistema en el que se trabaje conjuntamente”.

Sin embargo, más allá de los propios requerimientos normativos (especialmente relacionados con el etiquetado de la información), las organizaciones necesitan implantar un sólido ecosistema tecnológico, que dote de una mayor seguridad gracias a la verificación de dichos procesos.
Desafíos desde una visión financiera y contable
No hay duda de que los requerimientos de desglose de la Taxonomía europea suponen un reto para las empresas desde el punto de vista financiero, contable y de reporting. En este sentido, Marisa Pérez destacó la necesidad de realizar un diagnóstico exhaustivo sobre la situación actual de la compañía y su nivel de preparación a la hora de elaborar y reportar dicha información.
En consecuencia, resulta esencial que las corporaciones elaboren un análisis detallado, así como el consiguiente establecimiento de políticas al respecto. En cuanto a la implantación de mejoras, las organizaciones deberán reflexionar desde el inicio sobre la incorporación de nuevos centros de coste y cuentas contables que tengan la suficiente granularidad.
En suma, la Taxonomía europea se traduce en un importante foco estratégico para la definición del futuro del negocio. Y serán, en consecuencia, las propias compañías las que deberán establecer cuáles son las claves de su competitividad y cuál deberá ser la velocidad para avanzar en el cumplimiento de este reglamento. “Esa capacidad que tiene la Taxonomía de hacernos atractivos es, sin lugar a duda, uno de los factores más importantes”, concluyó Jerusalem Hernández.
https://www.tendencias.kpmg.es/2023/01/taxonomia-europea-vision-estrategica/
Los dos actos delegados propuestos hasta el momento, y aún no aprobados de forma definitiva, con sus anexos, no terminan de arrojar luz a esta obligación de divulgar la manera y la medida en que las actividades de una compañía se asocian a actividades económicas que se consideren medioambientalmente sostenibles con arreglo a lo definido por la Taxonomía.
el funcionamiento del Reglamento es complejo, también lo es la aplicación de la propia Taxonomía, por lo que las organizaciones deberán prepararse para afrontar los desafíos que esta supone en las diferentes funciones que se verán afectadas.
Las áreas de Sostenibilidad deberán aportar criterio para identificar las actividades sostenibles y evaluar la contribución sustancial o el daño significativo, con indicadores claros de desempeño e impacto e incluyendo la transición en la ecuación. Sobre las actividades incluidas o no, aún hay controversias que será necesario resolver y, en cualquier caso, la Taxonomía es una herramienta viva, pues lo que hoy puede considerarse verde o de transición, mañana podría ser marrón.
Las áreas de Contabilidad se enfrentarán al cálculo y a la interpretación del CAPEX, el OPEX y el volumen de negocio en clave de Taxonomía. No será fácil esta nueva asignación, que podría afectar a los estados financieros y a la forma de “contar” la compañía y sus resultados.
Las áreas de Auditoría y Control internos deberán reforzar los sistemas de control de la información financiera y de sostenibilidad que habrá de servir a las organizaciones para reportar y cumplir con esta norma.
Las áreas de Tecnología deberán asegurarse de que cuentan con los sistemas y herramientas más adecuados para recoger y consolidar la información necesaria, con rigor, trazabilidad y sentido de coherencia.
https://www.tendencias.kpmg.es/2021/06/taxonomia-sostenible-y-el-mito-de-sisifo/
Repasemos aquí algunas claves:
- ¿Cuándo? Según el Reglamento delegado aún sin aprobar, presentado por la Comisión Europea en mayo de 2021, que pretende articular la manera de aplicar el artículo 8 del Reglamento de Taxonomía “Transparencia de las empresas en los estados no financieros”, en 2022, sobre datos de 2021, las empresas deberán presentar la proporción de sus actividades consideradas como sostenibles. A partir del año 2023, sobre datos de 2022, las empresas deberán informar de su alineamiento con la taxonomía en relación con tres KPI financieros (CAPEX, OPEX y volumen de negocio).
- ¿Dónde? La información obligada, habrá de reportarse en los hoy llamados estados de información no financiera. La nueva propuesta de Directiva de reporte corporativo de sostenibilidad (CSRD), que modifica la Directiva de información no financiera y que aplicaría al ejercicio que se inicie en enero 2023, ya incluye también las obligaciones de reporte del alineamiento con la Taxonomía. Además, esta propuesta de Directiva establece que la información reportada deberá ser verificada por un experto independiente.
- ¿Quién? Están obligadas a reportar todas las compañías a las que les aplique la Directiva de información no financiera. En la nueva propuesta de Directiva de reporte corporativo de sostenibilidad (CSRD), las compañías afectadas serán todas aquellas consideradas empresas grandes porque cumplan dos de los siguientes criterios: a) más de 250 empleados; b) volumen de negocio de 40 mill. €; c) activos por valor de 20 mill. €.
- ¿Qué criterios definen las actividades sostenibles? La Taxonomía europea define tres criterios: a) contribuir de forma sustancial a la mitigación del cambio climático o a la adaptación al mismo; b) no causar daño significativo a los otros cuatro objetivos ambientales (uso sostenible y protección de los recursos hídricos y marinos; transición hacia una economía circular; prevención y control de la contaminación; protección y recuperación de la biodiversidad y los ecosistemas); c) cumplir unas salvaguardas mínimas relativas al cumplimiento de normas internacionales en materia de derechos humanos. El Reglamento delegado presentado por la Comisión Europea el 4 de junio de 2021, aún no definitivo, establece los criterios técnicos de selección para determinar el cumplimiento de las dos primeras condiciones.
- ¿Otras normas relacionadas? El Reglamento 2019/2088 de divulgación de finanzas sostenibles (SFDR) se ve modificado por el Reglamento de Taxonomía y la ya mencionada Directiva de reporte corporativo de sostenibilidad (CSRD)
pretende ser coherente con ambas normas. El reporte y la transparencia
son claves en la estrategia de finanzas sostenibles de la Comisión
Europea, que pretende aportar más confianza al mercado financiero y a los inversores a través de la información, al tiempo que combate el greenwashing.
Comentarios
Publicar un comentario